Campeche, explosión de color en Yucatán

Este estado mexicano se encuentra en la Península de Yucatán. Sin embargo, en este post me voy a centrar en su capital, San Francisco de Campeche (aunque los lugareños acorten su nombre a tan solo Campeche, que esto no os lleve a error, suelen referirse a la ciudad).

Existen diversas teorías acerca del origen de la palabra Campeche, aunque la más aceptada dice que proviene de las palabras mayas: can (serpiente) y pech (garrapata).

Mi llegada a la ciudad

Campeche se encuentra a tan sólo dos horas y medias de la archiconocida ciudad de Mérida, de la que ya os hable en un post anterior.

Diferentes compañías de autobuses conectan ambas ciudades con bastante frecuencia.

Yo me decanté por coger un autobús de la empresa ADO (con los que ya había realizado otros recorridos antes). Estos buses salen de la Terminal CAME, también llamada Terminal ADO de primera clase de Mérida. Recordad que en Mérida hay tres terminales de autobuses diferentes y dependiendo del destino tendréis que ir a una u otra. Yo, por comodidad, decidí coger un taxi por 50 pesos (menos de 2 euros) hasta allí.

Compré el billete unos días antes en la misma estación por alrededor de 11 euros (precio de noviembre de 2017). Salí temprano, a las 6:35, y llegué, aunque con un poco de retraso, sobre las 9 de la mañana. ¡Perfecto para aprovechar el día!

Mi alojamiento

Como casi siempre, cuando llego a un nuevo destino lo primero que hago es dirigirme a mi alojamiento. Suelo tenerlo reservado de antemano a través de internet y aunque sea demasiado temprano para hacer el check in, me gusta tener ubicado el hostel y dejar la mochila para poder aprovechar el día sin cargar con cosas innecesarias.

En esta ciudad elegí el Viatger Inn para hospedarme por 16 euros la noche en un dormitorio femenino de 13 camas y baño compartido. La habitación tiene aire acondicionado, taquilla y buen wifi. La recepción está abierta las 24 horas y ofrecen servicio de lavandería.

Tanto las habitaciones como los baños estaban muy limpios y su céntrica ubicación me pareció inmejorable para un presupuesto ajustado.

Además, durante mi estancia me surgió un imprevisto que ponía en peligro mis planes más inmediatos (ya os contaré la historia en otro artículo) y los chicos de recepción me ayudaron un montón. ¡Eso siempre se agradece!

Os dejo un mapa esquemático de la zona centro de la ciudad para que os orientéis.

Qué ver en Campeche

Además de ser un punto de partida ideal para realizar excursiones a los restos arqueológicos de Edzná (os hablaré de este lugar en la próxima entrada) o Calakmul, la propia ciudad de Campeche bien merece una visita.

Su centro histórico, con un gran encanto colonial, es pequeño y se recorre fácilmente a pie. La excepción serían los cercanos fuertes de San José el Alto (al este de la ciudad) y de San Miguel (al oeste). Estos se encuentran en zonas un poco más alejadas de la zona turística central y, sobre todo, si viajáis solo, como es mi caso, es más prudente llegar a ellos en taxi.

Yo me decidí por visitar solo el de San José (fue una elección más al azar que otra cosa, así que no os puedo decir ningún motivo en particular). Cogí un taxi desde la zona centro por 60 pesos (poco más de 2 euros) que me llevó hasta la colina en la que se encuentra el fuerte.

Lo primero que hice fue sentarme en un banco y disfrutar de un improvisado desayuno, que acababa de comprar en un super de la ciudad, con unas preciosas vistas al mar.

Con el estómago lleno, me di una vuelta para ver el fuerte por fuera (por desgracia, el museo estaba cerrado el día de mi visita.

Este edificio defensivo terminó de construirse en agosto de 1792. Tras una demolición parcial y posterior restauración, abrió como museo el 9 de febrero de 1995. En sus salas se cuenta la historia y se muestran retratos de algunos de los piratas que asaltaron el fuerte durante el periodo virreinal. Imagino que debe de ser una exposición muy interesante.

Me costó bastante encontrar un taxi para volver al centro histórico. No muchos visitantes se alejan tanto de la zona más turística de la ciudad, así que no es muy habitual ver taxis vacíos por la zona. Si no queréis tener que esperar mucho tiempo, siempre podéis quedar con el taxista que os lleve hasta allí para volver a una hora concreta. Quizás os quiera cobrar un poco más, pero creo que merece la pena.

Al final tuve suerte y un hombre se ofreció a llevarme de nuevo al centro. Según él, era taxista, pero la verdad, lo dudo. Con un poco de recelo me monté en el coche y mandé el número de matrícula al chico de la recepción del hotel… No pasó absolutamente nada, pero, más vale prevenir que curar.

Las calles del casco histórico rebosan color. Las fachadas de las casas están pintadas de vivos colores, cada una de uno diferente.

Hay rincones fotogénicos repartidos por todas partes.

Me llamaron especialmente la atención las puertas y ventanas. Al igual que las casas, de todos los colores imaginables).

Y ¿cómo no?, algún que otro escarabajo tan habitual en otros estados mexicanos como Chiapas.

La fachada principal del Ex-Templo de San José, decorada con azulejos, me teletransporto por un momento a alguna ciudad del sur de España.

Lo de Ex-Templo, me sonó raro desde que leí el nombre en el mapa turístico de la ciudad. Al llegar, vi que habían transformado la iglesia en una enorme tienda de artesanías. Algo bastante curioso de ver, la verdad.

Para unas vistas algo diferentes de la ciudad, os recomiendo que vayáis a la Puerta de Tierra (justo al final de la calle 59) y que, por tan solo 15 pesos (unos 0,60 euros), subáis a las murallas.

La plaza de la Catedral está siempre muy animada.

En los días en los que estuve yo allí había un espectáculo de acrobacias sobre un cable que cruzaba parte de la plaza.

Muy cerca de allí, en el Baluarte de la Soledad, se encuentra el Museo Arqueológico(la entrada cuesta 45 pesos).

Además de ser un bonito edificio, hay una interesante colección de máscaras y esculturas mayas.

A pocos metros, encontraréis la Puerta del Mar, que da acceso al Malecón de Campeche.

Aquí encontraréis las típicas letras con el nombre de la ciudad. Si viajáis por México, las veréis en casi cualquier lugar. Están de moda. Los mexicanos (y algunos extranjeros también) hacen hasta cola para hacerse su foto. Si os apetece hacer el guiri, este es el sitio.

Y no podéis iros de Campeche sin disfrutar de un precioso atardecer en su Malecón. Buscad un sitio tranquilo, sentaos frente al mar y admirar los increíbles colores, el vuelo de las aves… ¡A mí me pareció mágico!

Y al caer la noche la ciudad se transforma. Cuando el calor, a veces sofocante, del día da paso al frescor de la noche, la gente toma las calles.

La zona centro es muy segura y está llena de bares y restaurantes, que montan terracitas por doquier. Especialmente animada está la calle 59.

Y como colofón final, no os perdáis el video mapping que proyectan todas las noches a las 20:00 en la Plaza de la Catedral. Es un evento gratuito y acude mucha gente, por lo que os recomiendo ir con tiempo para coger un buen sitio.

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