Cartagena de Indias, ciudad colonial por excelencia

Cartagena (lo de Indias, ya se sabe que fue un “pequeño” error de cálculo de Colón) es la joya colonial de Colombia. De eso no ha cabe duda.

En pleno siglo XXI, uno cruza sus murallas y parece viajar en el tiempo. En su casco histórico el tiempo se detuvo hace algunos siglos y la ciudad conserva todo el encanto y la belleza de antaño. Sus coloridas calles, sus característicos balcones, algunos coches de caballos, su vibrante vida… ¡Cartagena atrapa!

Cualquier viaje a Colombia que se precie, debe pasar por esta bonita e histórica ciudad. No hay viajero que no caiga rendido a sus encantos, incluidas algunas personalidades, como el famoso Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez.

¿Cómo llegar?

La mayoría de los turistas que visitan Cartagena de Indias llegan en uno de los numerosos cruceros que atracan en su puerto casi cada día. Llegan, pasan apenas unas horas (por cierto, las horas centrales y más calurosas del día) y zarpan de nuevo en sus barcos.

En mi opinión, esta ciudad se merece una visita más larga y mucho menos apresurada, pero si esta es vuestra opción, seguro que también la disfrutaréis.

Cartagena cuenta con un aeropuerto internacional por lo que está muy bien comunicada por avión desde diferentes puntos del mundo.

Además, al tratarse de uno de los lugares más turísticos de toda Colombia, no os será difícil encontrar autobuses hasta allí desde casi cualquier punto del país.

Nosotros llegamos a Cartagena en un autobús procedente de Santa Marta, zona en la que habíamos pasado los últimos días, tras visitar el Tayrona. Estos salen bastante a menudo, cuando se llenan, desde la zona del mercado. Nosotros pagamos en el 2017 48.000 pesos por persona (unos 12 euros), pero en este tiempo puede que el precio haya subido algo.

Si podéis, sentaos en lado opuesto al conductor, en el lado derecho del vehículo mirando en el sentido de la marcha. Así disfrutaréis de unas preciosas vistas del mar Caribe durante el trayecto de en torno a cinco horas.

Alojamiento en Cartagena

Los alojamientos dentro de la ciudad amurallada no se ajustaban a nuestro apretado presupuesto, así que optamos por quedarnos en el barrio de Getsemaní, una muy buena zona cerca del centro, con opciones de alojamiento y restauración para todos los bolsillos y con mucha vida, tanto de día, como de noche.

Nos decantamos por el Mystic House Hostal, una bonita y acogedora casa de estilo colonial. Pagamos menos de 30 euros por noche por una habitación doble (diminuta, eso sí), con baño privado, aire acondicionado (imprescindible en Cartagena) y WiFi. También ofrecen camas en dormitorios compartidos. La recepción abre las 24 horas y si llegáis antes del check in o pensáis visitar algo después de dejar la habitación, os cuidan el equipaje sin ningún problema.

Podéis reservar contactar directamente con ellos mediante E-Mail.

¿Qué no debes perderte en Cartagena de Indias?

Ciudad Amurallada y alrededores

Si, como nosotros, no cuentas con demasiados días para recorrer la ciudad, es recomendable ceñirse prácticamente a la ciudad amurallada. El casco antiguo que encierra es, sin duda, el mayor atractivo turístico de la ciudad. Comprende los barrios de Centro y San Diego.

Os dejo un mapa que puede ayudaros a orientaros y localizar más fácilmente los diferentes Barrios y puntos de interés de la ciudad:

Pasea y disfruta de sus calles coloniales, repletas de coloridas casitas con sus característicos balcones llenos de flores.

En esta zona encontrarás la catedral, numerosas y bellísimas iglesias (destacan la de San Pedro Claver y la de Santo Domingo), monasterios, conventos, palacios coloniales, plazas llenas de vida a cualquier hora del día y de la noche.

Un detalle que me encantó fue la cantidad de aldabas diferentes que podéis encontrar en las puertas de las casas de esta preciosa ciudad. No hay dos iguales y son todas preciosas. Y para muestra, un botón:

En esta área se encuentra también el Palacio de la Inquisición, antigua sede de la Inquisición en Cartagena, que hoy alberga un interesante museo. A pesar de que nos lo recomendaron encarecidamente varios viajeros, no nos apeteció demasiado visitarlo una vez allí, algo de lo que quizás me arrepiento un poco. Así que, si tenéis tiempo (y ganas, no como nosotros) no os lo perdáis. ¿Quién sabe cuándo se volverá a presentar la oportunidad?

Recomiendo encarecidamente subir a sus murallas. Estas son un extraordinario ejemplo de la arquitectura militar española colonial para proteger la ciudad de ataques piratas y de otros enemigos. La mejor hora para disfrutar de sus inigualables vistas es, sin duda alguna, al atardecer.

A un lado el mar, al otro la ciudad amurallada y, al fondo, los rascacielos de la zona de Bocagrande. Mejor dejo que las fotos hablen por sí solas:

La Puerta del Reloj (también llamada Torre del Reloj) es uno de los puntos más fotografiados de la ciudad.

Se trata de la entrada principal a la ciudad amurallada y, si como nosotros, te alojas en barrios adyacentes y más económicos como Getsemaní, tendrás que cruzarla sí o sí.

Getsemaní

Ya sea porque os alojáis en Getsemaní o porque tenéis tiempo y os apetece curiosear por la zona, no es mala idea, en absoluto, darse un paseo por el barrio. Hay mucho arte urbano, restaurantes muy cucos (nosotros nos enamoramos de uno con mecedoras en lugar de sillas y una comida que me tiene babeando mientras escribo este artículo), graffitis muy chulos por doquier y alguna iglesia que merece la pena. Pero, sobre todo, no os perdáis el ambientazo de esta zona por la noche. Id hacia la plaza que hay donde se ubica la iglesia de la Trinidad y dejaos sorprender. Comida callejera, bailes espontáneos, bebida y mucha, mucha gente, no faltarán.

Fuera de la ciudad amurallada hay dos puntos que no deberíais perderos en cualquier viaje a Cartagena de Indias:

Castillo de San Felipe de Barajas

Esta fortaleza colonial que data de 1657 es una de las más grandes de todo Latinoamérica, y uno de los principales atractivos turísticos de Cartagena de Indias.

Llevad bien de agua y un sombrero o gorra que os proteja del abrasante calor. Si no lo lleváis, allí mismo podréis comprar uno.

Realmente hace falta porque la subidita al castillo se las trae y el sol pega muy, muy fuerte.

Nosotros en general no somos de ponernos nada en la cabeza y aquí terminamos “picando” y tengo que reconocer que nos vinieron genial. ¡Hasta parece que tengamos más glamour! (ejem, ejem).

La entrada en 2017 nos costó 25.000 pesos por persona, pero es una visita que merece mucho la pena.

El Cerro de la Popa

Se trata de un monte de unos 150 metros de altura. Las vistas panorámicas desde su cima son increíbles. En primer plano podéis ver el Castillo de San Felipe y detrás la Torre del Reloj y la ciudad amurallada.

Hacia el lado contrario, tras las cruz, tenéis unas privilegiadas vistas de Bocagrande.

Además, aquí en lo alto, encontraréis el Monasterio de Santa Cruz.

En su momento, ya nos costó la entrada 11.000 pesos por persona. Si no queréis hacer ese desembolso, solo por las vistas ya merece la pena subir.

Como habéis podido ver, este lugar se encuentra muy cerca del castillo de San Felipe, pero ¡ojo! ¡que a nadie se le ocurra subir o bajar andando! Se cruza una zona algo peligrosa, en la que se han dado bastantes casos de asaltos, robos, etc. La opción más recomendable es negociar un buen precio con un taxista para que os suba, os espera y os devuelva a una zona más segura, sanos y salvos.

Nosotros conseguimos que nos lo dejaran en 80.000 pesos, dejándonos a la vuelta en el castillo de San Felipe. Como los precios van variando, quizás podáis preguntar en vuestro alojamiento. Lo mismo hasta os ponen en contacto con un conductor de confianza y a buen precio.

Otras opciones y lugares cercanos

Nosotros nos ceñimos a todo lo mencionado arriba. Si contáis con más tiempo en la ciudad y os apetece, podéis ir a la moderna zona de Bocagrande, donde hay muchos bares, restaurantes y tiendas.

Por opiniones de otros viajeros, puedo deciros que las playas de los alrededores de Cartagena no son muy recomendables. Son algo inseguras (hay hurtos, algunos robos, etc.), pero sobre todo, si estáis atentos, veréis muchas cosas relacionados con la prostitución infantil en Colombia, que no creo que hagan sentir cómodo a nadie.

En Cuatro emitieron hace unos años un programa sobre este tema y os dejo el link, por si os he removido algo y os apetece conocer un poco en más profundidad esta problemática:

Si buscáis algo de playa, podéis acercaros a Barú o a las Islas del Rosario. Como no tengo información de primera mano, acabo aquí mi post de Cartagena. Espero que a alguien le sirva de ayuda a la hora de planear su viaje.

Me gustaría añadir una última curiosidad, aunque poco tiene que ver con los viajes, a priori: Otra de las cosas maravillosas de viajar lento y pausado por un tiempo indefinido es que, por fin, dispones de tiempo libre, tiempo libre de verdad y de calidad para hacer lo que te dé la gana.

Cuando era una niña, allá por los 80 o quizás a principios de los 90, mi padre me regaló el regalo estrella de la época: un cubo de Rubik. No sé en qué estaba pensando el hombre (papá, si lees esto, que sepas que no te guardo rencor) para regalarle a un mico de 5 o 6 años semejante rompecabezas. Lo intenté de todas las formas que se me ocurrieron, miles de vueltas para todos los lados, me rompí literalmente la cabeza intentándolo y nunca conseguí hacer más de dos lados bien.

Mi padre tampoco, ¡ojo! Al final el ingenio venció y despegué las pegatinas y las pegué en el lugar correcto. No sería un genio, pero el problema lo resolví a mi manera. El caso es que siempre tuve esa espinita clavada. Y, por fin, en unas “vacaciones” tan largas encontré el momento de saldar mis cuentas pendientes.

En una tiendecita encontré un cubo de Rubik barato y tras mucho tiempo (bendito tiempo libre) y tutoriales de internet (de esto no había en mi infancia), ¡lo conseguí! Ya puedo decir que sé resolver el cubo de Rubik (sin mover ni una pegatina).

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