Dos días y una noche en Tayrona

Por fin íbamos a cumplir un sueño: visitar el Parque Nacional Natural Tayrona. Llevábamos mucho tiempo deseando conocer sus paradisiacas playas, hacer caminatas por la selva, ver animales en su hábitat…

Las fotos que habíamos ido viendo por internet nos hacían la boca agua. Suele ser arriesgado ir a un sitio con unas expectativas muy elevadas. Siempre existe el peligro de que te acabe decepcionando. En este caso, ya os adelanto que no fue así. A pesar de que el clima no terminó de acompañarnos y de que las condiciones de los caminos no eran las mejores, Tayrona nos encantó.

La logística

Siempre tuvimos claro que queríamos pasar un par de días en el parque, por lo que teníamos que hacer noche dentro de Tayrona, así que pedimos información y presupuesto a través de una agencia colombiana llamada Aviatur.

Ellos nos tramitaron los permisos (44.000 pesos por persona; en torno a 10 euros) y nos reservaron dos hamacas para pasar la noche en la zona de Arrecifes por 35.758 pesos por persona (unos 8 euros).

Tuvimos que pagar por adelantado el total y nos confirmaron rápidamente nuestra reserva. La verdad es que quedamos muy contentos con el funcionamiento de esta agencia.

Tened en cuenta que los precios son de finales de 2017, por lo que es previsible que se hayan incrementado algo.

No esperéis demasiado para hacer vuestra reserva, no sólo porque las opciones de alojamiento son escasas (incluso si lleváis vuestra propia tienda de campaña, los campings se llenan rápido), sino porque el número de permisos diarios es también limitado. Si tenéis pensado viajar en temporada alta, os podéis quedar sin entrar a Tayrona. ¡No os arriesguéis!

Os dejo un mapa para que veáis las diferentes zonas del parque y dónde se ubicaba nuestro alojamiento.

Nuestro alojamiento dentro del parque

La verdad es que este fue un poco decepcionante. Cuando uno se decide a pasar una noche en una hamaca en el paraíso se imagina otra cosa, desde luego. No dejéis que la imaginación os lleve a engaño.

La zona de hamacas (la que nosotros conocimos es la de Arrecifes) es grande, está techada (viene muy bien si llueve) y está abarrotada de gente. No tiene mucho encanto pasar la noche metido en una hamaca, envuelta en una mosquitera (ojo que a mí los mosquitos me picaron por toda la espalda a través de la tela de la hamaca) y a menos de medio metro de la siguiente hamaca. Al entrar o salir de tu hamaca, te das literalmente con el vecino de al lado. La palabra que mejor lo describe sería HACINAMIENTO.

No hice ni fotos. La decepción del momento hizo que hasta se me olvidara. Pero os pongo un par de fotos sacadas de internet para que os hagáis una idea y que conste que no se ve tan abarrotado por estar las hamacas vacías).

Hay unos pequeños armaritos o lockers para dejar tus cosas a buen recaudo. Un punto a favor.

Los baños están relativamente cerca, pero el camino no está techado. Si llueve, como ocurrió en nuestro caso (y en Tayrona no llueve, en Tayrona tiran cubos de agua desde el cielo), y tenéis que ir al aseo en plena noche, os va a dar la risa de la flojera. Además, no están nada limpios. Hay pocos baños y mucha gente, el resto es de lógica.

Hay un pequeño bar-restaurante en la zona que, aunque no tiene gran variedad de productos y cobra unos precios elevadísimos (algo normal, por otro lado), os puede salvar el culo en un momento dado.

Hay una explanada donde se puede acampar con tu propia tienda, pero no tengo ni idea de los precios.

En la zona de el Cabo de San Juan pudimos constatar que también había zona de acampada y tenía mejor pinta, la verdad. El restaurante era también algo mejor y nos pareció que había un mayor número de baños.

Algo que me gustó mucho de esta zona fue una pequeña zona de hamacas en el mirador que sale en todas las fotos del parque y que era una auténtica maravilla. La única pega que le vi sería el tener que bajar a los baños en plena noche, pero oye, en este caso aplicaría lo de “sarna con gusto no pica”. Hice una foto para poder enseñaros el sitio.

Para conseguir una hamaca aquí tenéis que reservar con mucho tiempo. Nosotros no fuimos lo suficientemente rápidos.

Alojamiento en Santa Marta

Como ya os conté en el post anterior, tras el reencuentro con Daniel, cogimos juntos un vuelo hasta Santa Marta. Esta ciudad se encuentra a unos 34 km de Tayrona, por lo que es un punto de partida perfecto para visitar el parque, ya sea en una excursión de un día o de varios.

Buscamos una habitación para pasar la noche de antes y la de después. Así teníamos también un sitio donde dejar todas nuestras cosas y llevar solo lo estrictamente necesario a Tayrona.

Elegimos el Morros Hostel, más que nada por su precio (61.880 pesos, unos 14 euros por una habitación doble con baño privado, wifi, ventilador y un desayuno muy básico incluido). Tienen recepción 24 horas, organizan transfers al aeropuerto u otros sitios y, como ya os he dicho, os pueden guardar las cosas mientras estéis visitando Tayrona.

Por el precio, más que recomendable. Podéis contactar directamente con ellos a través del chat de Facebook (responden bastante rápido).

Qué llevar a Tayrona

No os olvidéis de adónde vais. Tayrona es una zona de selva. Hay playas preciosas, pero también mosquitos, otros insectos, un sol abrasador y lluvias tropicales que te pueden sorprender en cualquier momento.

Teniendo esto en cuenta, no os olvidéis de llevar un buen repelente de insectos, crema solar, chubasquero y una funda de lluvia para la mochila.

Os recomiendo llevar comida y suficiente agua para el tiempo que planeéis pasar en el parque. Hay algunos bares-restaurantes y de vez en cuando os encontraréis con personas vendiendo helados o bebidas frías, pero los precios son muy elevados.

En vuestra mochila no deberían faltar una toalla, bañador, ropa de recambio (por si os mojáis, más que nada), artículos de higiene personal, algo de dinero, pasaporte, chanclas y algo de ropa de abrigo para dormir ya que por la noche, en las hamacas, refresca bastante.

Por supuesto, no os olvidéis de llevar una cámara o móvil para hacer fotos, porque el sitio es realmente precioso. Os recomiendo que llevéis alguna bolsa impermeable o de plástico para proteger las cosas que, bajo ningún concepto, deberían mojarse (aparatos electrónicos, pasaporte, etc.)

No llenéis vuestra mochila con cosas innecesarias porque, además de tener que cargar con ello todo el tiempo, si llueve mucho se os podría mojar y estropearse. Llevad lo básico.

Cómo llegar a Tayrona

Desde Santa Marta hay autobuses que, por 7.000 pesos colombianos (aproximadamente 1,50 euros), cubren el trayecto hasta la entrada al parque en El Zaino. Salen cuando se llenan, así que es posible que os toque esperar un rato.

En el siguiente mapa podéis ver donde está la parada.

En El Zaino se encuentran las taquillas donde, si aun quedan permisos para ese día, podréis comprar vuestra entrada. Nosotros enseñamos la confirmación de nuestra reserva ya pagada directamente a Aviatur y nos dejaron pasar sin problemas.

Bueno, un pequeño problema sí que tuvimos. Nos registraron las mochilas y nos confiscaron una navaja que llevábamos. Según el policía de turno, los objetos afilados y peligrosos estaban prohibidos dentro del parque. Teniendo en cuenta que llevábamos pan para preparar bocadillos y fruta para pelar, como la mayoría de la gente que visita el parque, me parece absolutamente normal y necesario que los turistas lleven una navaja multiusos.

No estamos hablando de un machete de medidas desproporcionadas, ni de un enorme cuchillo jamonero, sino de la típica navaja de viaje. En fin, supongo que el tipo simplemente se encaprichó de la navaja suiza de mi chico. El policía nos aseguró que nos la guardaba y que podíamos volver a por ella otro día. Sinceramente, lo dudo. De todos modos, teníamos pensado coger una barca de vuelta a la civilización desde otro punto del parque, así que no íbamos a volver para comprobar la honestidad del agente.

En este punto, tenéis dos opciones: empezar a caminar o coger una furgoneta que, por 3.000 pesos por persona (menos de un euro), os acercará a la zona de Cañaveral (ver el mapa del parque que os puse al inicio de la entrada).

Recordad que os hablo de precios de finales de 2017. Puede haber habido variaciones.

La visita al Parque

Desde Cañaverales debéis tomar el Camino del Descubrimiento. A un ritmo normal, parando para disfrutar de las vistas, comer algo y hacer muchas fotos, os debería llevar alrededor de una hora llegar a Arrecifes.

Esa es la teoría. En la época en la que nosotros visitamos Tayrona, a pesar de tratarse de época seca, había llovido mucho los días anteriores. Los caminos, consecuentemente, estaban en los mejores tramos embarrados, inundados directamente en los peores.

Solo en algunas zonas altas, donde el agua no se había podido acumular, se podía caminar con normalidad. No os exagero. En algunos puntos llegamos a meternos hasta las rodillas en el barro. Caminamos muchos tramos literalmente por el agua, como si se tratara de una especie de manglar, tratando de no tropezar con raíces y piedras que no podíamos ver.

Para no destrozar totalmente nuestro único calzado para todo el viaje, decidimos incluso caminar descalzos. Hay que verlo para creerlo, así que ahí van algunas fotos (estos son algunos de los mejores tramos).

A pesar de la dificultad del camino, pudimos disfrutar de las primeras vistas panorámicas desde algunos puntos altos (y hasta ¡con sol!). Estos dos días prometían.

También tuvimos nuestros primeros contactos con la flora y la fauna locales.

Como comprenderéis, tardamos bastante más de una hora en llegar, finalmente, a Arrecifes. En cuanto llegamos hicimos el check in en la recepción (solo tuvimos que enseñar el comprobante de nuestra reserva, ya que ya estaba todo prepagado) y nos llevaron hasta nuestras hamacas. Dejamos las cosas en los lockers y nos fuimos a dar una vuelta hacia las playas de la zona.

El baño solo está permitido en La Arenilla, La Piscina y en Cabo San Juan, ya que en el resto de playas hay corrientes muy fuertes. No os saltéis esta prohibición a la torera, cada año mueren varias personas por ahogamientos producidos en Tayrona. No es ninguna broma.

Tened también mucho cuidado cuando crucéis los ríos y lagunas. El cauce varía mucho según la estación y las lluvias de los días anteriores, por lo que a veces cubren más de lo que pueda parecer. Además, aunque no suelan dejarse ver fácilmente, no son pocos los caimanes que merodean la zona. En este sentido, las orillas de los ríos y lagunas no son zona segura. Permaneced cerca de las playas, donde haya más gente.

Cuando empezó a oscurecer, recogimos los bártulos y volvimos a la zona de Arrecifes. Cenamos algo y nos fuimos a nuestras hamacas a dormir.

Daniel se levantó dolorido de pasar toda la noche en la misma posición. A mí me encanta dormir en hamaca, me parecen comodísimas. Me levanté como nueva, a excepción de un puñado de picaduras por toda la espalda (sí, los mosquitos consiguieron llegar a mí a través de la tela de la hamaca).

Cogimos nuestras cosas y nos pusimos bien temprano en camino hacia el Cabo de San Juan de Guía. En teoría, con los caminos en buen estado, tendríamos unos tres cuartos de hora de caminata por delante. Con todo embarrado, ya sabíamos que sería mucho más. Pero nos daba igual, pues teníamos todo el día por delante.

Fuimos parando en algunas playas a tomar el sol en mitad del paraíso y pegarnos un chapuzón donde estaba permitido.

Me encantó lo salvaje de este parque. No había apenas gente. No se ven barcas por ningún lado (excepto en San Juan). Las palmeras llegan hasta la misma línea de playa. Al fondo la Sierra de Santa Marta, envuelta en neblina. Tayrona es increíblemente bonito.

Llegamos al Cabo de San Juan de Guía, el indiscutible ícono del parque. Seguro que habéis visto un montón de fotos de este sitio por internet.

Subimos a su famosísimo mirador (el de las hamacas que tanto me gustaron que os recomendé al comienzo del post). Las vistas desde allí son impresionantes.

Después de pasar un buen rato en la playa, reservamos plaza en un bote para regresar por mar a Taganga, una playa cercana a Santa Marta. Por 50.000 pesos por persona (unos 11 euros) nos ahorraríamos tener que deshacer todo el camino andado, embarrado e inundado a partes iguales, hasta la entrada de El Zaino y podríamos disfrutar más tiempo de Tayrona. ¡Merecía la pena!

Como aún teníamos algo de tiempo hasta la hora de partida, fuimos a tomar algo al restaurante que hay en la zona. No fue nada del otro mundo y fue bastante caro para los estándares colombianos, pero a estas alturas, ya no nos quedaba nada de comida en las mochilas y teníamos hambre.

El viaje en barco fue movidito. Había mucho oleaje y la barca, no muy grande, se zarandeaba a lo bestia. Metieron las mochilas en una especie de bodega y, aunque nos aseguraron que no se mojarían, yo me alegré muchísimo de haber metido los objetos de valor en bolsas impermeables.

No hay fotos de este trayecto. Bastante tenía con agarrarme al borde de la barca para no salir despedida. Llegamos hacia el atardecer a la playa de Taganga completamente mojados y perfectamente conjuntados con las mochilas que iban saliendo de la bodega. Ya sabía yo…

Cogimos un colectivo (1.600 pesos / 40 céntimos de euro) hasta el centro de Santa Marta. Después de una ducha en el hostel y poner a secar todo lo que llevábamos encima, salimos a cenar algo rápido por la zona y nos fuimos, rendidos, a dormir. Tayrona nos había maravillado, pero nos había dejado exhaustos.

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