Reflexiones después de un mes viajando

Ya ha pasado un mes desde que salí de casa, cargada con una mochila y un montón de miedos y dudas. ¿Sería seguro? ¿Me estaba dejando llevar por la locura? ¿Cómo se me había ocurrido irme sola?

Llevo tan sólo un mes de viaje, por lo que aún es pronto para hacer balance, pero sí que os puedo adelantar, que la experiencia está siendo de lo más positiva.

Comencé mi viaje por México, un país sorprendente más allá de los grandes resorts de pulserita y todo incluido. Me siento muy agradecida con este país y con su gente, por hacerme el comienzo de viaje tan sencillo y por haberme aportado tanto.

Los primeros días en Ciudad de México seguía emparanoiada con la seguridad en muchas zonas de Latinoamérica. Hay muchos prejuicios que derribar aún. Tomando las precauciones básicas y dejándose guiar por los consejos de los propios habitantes de la ciudad, no deberíais tener problema alguno.

Han pasado los días, he visitado otras zonas del país, me he ido curtiendo y, también por qué no decirlo, relajando. En ningún momento he sentido esa famosa inseguridad que suele asociarse con este país.

He vivido muchas cosas preciosas. He subido pirámides gigantescas, he viajado en lancha por un río en mitad de la selva, he colaborado en un campamento tortuguero, he podido admirar increíbles cascadas, me he estremecido en la noche con el aullido de los monos a pocos metros de mi cabaña y, lo más importante, he conocido a un montón de gente maravillosa. Con deciros que aún no he tenido ni un solo ataque de morriña…

A priori, viajar sola, impone. Sin embargo, debo deciros que nunca me había sentido tan acompañada. Fuera de nuestro hogar y en un ambiente ocioso, los viajeros estamos especialmente receptivos. Es muy sencillo entablar una conversación en casi cualquier situación (en el hostel, en una cafetería, durante un tour…). Además, nunca me había sentido tan “en mi salsa”. Mientras en casa soy un poco el bicho raro, la Willy Fog del grupito de amigas, la incomprendida de la familia… aquí, viajando y entre viajeros, soy una más. Y eso, ¡me encanta!

Me siento más “normal”, más comprendida… Siento que tengo mucho en común con todos ellos. Nuestras conversaciones son a menudo monotemáticas (sobre viajes, claro) y nadie se aburre. Disfrutamos de las mismas cosas y también, a veces, “sufrimos” con los mismos “problemas viajeros”. Todo ello une mucho.

También hay momentos malos, no os voy a engañar. El cansancio acumulado a veces pesa más de lo deseado, una habitación compartida no es el mejor sitio para un descanso reparador, las arañas en ciertas partes del mundo alcanzan proporciones desmesuradas, a menudo la bolsa de la ropa sucia abulta más que la de la limpia…

Pero no os voy a mentir, son nimiedades que, no enturbian en absoluto la experiencia del viaje. Para que veáis que me lo tomo con humor, os dejo una divertida imagen, con la que muchos viajeros os sentiréis identificados.

Hoy salgo en dirección a Guatemala, un nuevo país en esta ambiciosa ruta. No sé qué me depararán los próximos días, pero eso cada vez me preocupa menos. He tenido que decir adiós a mucha gente. Esa es la parte más dura. Pero sé que, haya donde vaya, me encontraré con más y más gente interesante, con la que compartir vivencias. Y no dudéis de que yo, seguiré compartiéndolas con todos vosotros. ¡Os mantendré informados!

2s comentarios

    1. ¡Muchas gracias!
      Me alegro de que te gusten los relatos de mis viajes. Comentarios así me animan a seguir contando mis “batallitas”.
      Un saludo.

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