La Ciudad de Panamá

Tras el apacible viaje en velero por Guna Yala, nos aguardaba la Ciudad de Panamá, una de las mayores urbes de Centroamérica. El shock estaba asegurado.

Llegada a la gran ciudad

Con el Ave María llegamos a Portobello (en la costa del Mar Caribe). Desde el barco nos ofrecieron un transfer privado directamente a nuestro alojamiento en la ciudad por 25 dólares, pero el precio nos pareció excesivo.

Así que para llegar a la Ciudad de Panamá (en la costa del Pacífico) tuvimos que coger dos autobuses diferentes. El primer trayecto costó 2 USD y el segundo 3.15 USD por persona (precios de diciembre de 2017, así que supongo que habrán subido).

No recuerdo cuánto tardamos, porque fui pegando cabezadas (algo típico en mí). Daniel me despertó ya llegando a la Terminal Albrook, una enorme estación, a la que llegan autobuses que conectan gran parte de los diferentes destinos a lo largo y ancho del país.

Ya que estábamos allí, aprovechamos para comprar el billete para el autobús nocturno que nos llevaría a Bocas del Toro unos días después. Venía mal tiempo y aún faltaban unos días para la salida, así quedaban muchos asientos libres. Los billetes nos costaron 33.80 USD por persona en aquel momento.

En la misma estación había un stand de telefonía móvil y rápidamente nos hicimos con una tarjeta SIM para tener datos durante nuestra estancia en el país.

Salimos de la estación en busca de un taxi que nos llevara a nuestro hostel. Veníamos de un paraíso solitario y tranquilo a más no poder y nos topamos con el bullicio de una enorme urbe, con un clima tropical que no invitaba a buscar la parada de metro o un autobús, cargando con nuestras pesadas mochilas. Nos permitimos ser un poco perros de vez en cuando. ¡Hay que mimarse un poco!

Justo enfrente de la parada de taxis vimos que había un enorme centro comercial:  el Albrook Mall. Tomamos nota, pues alguna cosa íbamos necesitando y, tras tanto tumbo viajero, empezaba a apetecernos un día de plan “normal” de compras.

Nuestro alojamiento

Nos alojamos en el Los Mostros Hostel. Una cama en una habitación mixta de 6 camas con aire acondicionado (imprescindible en estas latitudes) y baño privado nos costó 16 dólares la noche. El desayuno estaba incluido en el precio y el hostel estaba muy limpio, incluidos los baños. Además cuenta con unas muy buenas zonas comunes. ¡Hasta tiene una pequeña piscina!

Podéis reservar con ellos a través de Expedia. Aunque también os dejo el link a su Instagram y su dirección de E-Mail, por si queréis contactar directamente con ellos.

Como os conté en la entrada anterior, en Cartagena de Indias no pudimos hacer la colada por un corte de electricidad que duró más de 24 horas. Llegamos aquí con todo sucio, nos sentíamos bastante asquerosos, la verdad, así que una de las primeras cosas que hicimos fue preguntar si en el mismo hostel podían lavarnos la ropa. Y la respuesta fue ¡afirmativa! Nunca una colada nos había hecho tanta ilusión. Cuando, al día siguiente, nos devolvieron toda nuestra ropa limpia y planchada por 6 dólares, casi se nos cae una lagrimita.

Cuando uno viaja alojándose en hostels y habitaciones compartidas, de vez en cuando, se topa con cierta fauna típica: el guarro de turno (no se me ocurre cómo dulcificarlo). Os dejo una foto de la cama de nuestro vecino para que juzguéis vosotros mismos.

Llegamos a ver un sándwich empezado, ropa interior sucia mezclada con la limpia, la toalla mojada encima de la cama… y el olorcillo que salía de ese rincón de la habitación… ¡uf!

Y ya como anécdota divertida y bizarra de la estadía: mi marido se fue a duchar y dejó preparada encima de su cama la ropa limpia que se iba a poner. Cuando volvió, sus calzoncillos limpios habían “desaparecido”. De primeras sienta mal, luego ya te lo tomas con humor. Ya le podían haber robado unos sucios. Aunque eso habría sido aún más bizarro.

En el hostel os darán un vale descuento para el bar/restaurante que está justo al lado. Nosotros probamos el día de nuestra llegada y no estuvo nada mal. Además de comida, tienen una carta enorme de cócteles.

Vistas de la bahía

Lo primero que hicimos en aquellos días fue coger un taxi que nos llevara a lo largo de la cinta costera y el Causeway Amador para obtener una magnífica panorámica de la bahía de Panamá. Las vistas no defraudan.

A la vuelta, le pedimos al taxista que nos dejara directamente en la zona antigua de la ciudad.

El Casco Viejo

Una de las primeras cosas que llaman la atención de esta ciudad es el extremo contraste entre los modernos y altísimos rascacielos, algunos de ellos de extrañas y psicodélicas formas, y los edificios bajitos de la época colonial que encontramos en el Casco Viejo.

Paseamos un rato por la zona, entramos a la catedral, llegamos a la Plaza de Simón Bolívar y entramos a la Iglesia de San Francisco de Asís.

A estas alturas (mediados de diciembre) ya tenían montado el nacimiento, precioso, por cierto.

No deja de chocarnos ver adornos navideños con este calor tropical. No estamos acostumbrados a este clima en diciembre. Más bien parece verano.

Paseando por la ciudad, nos encontramos con varios excompañeros de nuestra travesía en velero desde Colombia. Hablamos un rato, nos recomendamos cosas que ver mutuamente… Es curioso encontrarte con una cara conocida cuando estás en un sitio completamente desconocido y tan lejos de casa. ¡Cosas de los viajes!

‎Experiencia en un típico Roofbar‎

Una tarde, a última hora, según se acercaba el atardecer decidimos subir a un bar en una azotea para tomar algo. Hay muchos repartidos por todo el Casco Viejo. Nosotros elegimos el Tántalo, con un gran ambiente y muy buena música pinchada al momento por un DJ.

Las vistas, tanto de día como de noche, eran espectaculares y, de nuevo, quedaba patente el contraste entre lo nuevo y lo antiguo, los enormes rascacielos y las casas bajas. Incluso se puede observar la modernidad contrapuesta a una cierta decadencia. A mí, personalmente, me encanta.

Albrook Mall

Como os comenté al principio de este post, al llegar a la ciudad, vimos un centro comercial enorme y nos despertó un poco nuestro instinto consumista. ¿Qué le vamos a hacer? Cogimos un taxi desde el hostel y enseguida, a pesar del intenso tráfico, nos plantamos en el Albrook Mall.

No deja de descolocarnos la decoración navideña. Con este clima, se nos olvida que se acercan esas fechas.

Dimos una vuelta, tomamos algo y, por supuesto, hicimos nuestras compras. Nos hicimos con una mochila impermeable y unas zapatillas antideslizantes para caminar dentro del agua, ya que no llevábamos y las necesitaríamos en próximas aventuras. Tampoco os voy a engañar, no fue una parada técnica meramente práctica: alguna cosilla más cayó. Nos sorprendió la gran cantidad de tiendas de artículos de deporte y de aventuras que encontramos. Además, los precios, eran muy buenos. No sé si hay algún tipo de exención de impuestos o qué, pero, la verdad, es que compramos mucho más barato de lo que lo habríamos hecho en Europa.

Seguridad en la ciudad

Como en cualquier gran ciudad de la Latinoamérica tomamos ciertas precauciones. En la página del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, la cual siempre compruebo antes de viajar, recomendaban lo siguiente:

Debido al notable incremento de asaltos en los taxis, se recomienda encarecidamente evitar tomar taxis de color amarillo en las calles a partir de la caída del sol, de manera especial si ya llevan pasajeros dentro. Es recomendable usar aplicaciones como Uber, Easytaxi o Cabify.

Zona de riesgo (deben ser evitadas): Algunos barrios marginales de la ciudad de Panamá, en particular los barrios de Chorrillo y Curundú.

Zona de riesgo (visitas con ciertas precauciones): Conviene extremar la precaución para evitar robos o asaltos, particularmente después del atardecer, en las siguientes zonas: En la Ciudad de Panamá, en la Avenida Central (peatonal) y en el Barrio de Calidonia.

Suelen ser bastante alarmistas, por lo que siempre cogemos con pinzas sus recomendaciones. Aún así, no está de más echarles un ojo e informarse in situ, preguntando en vuestro alojamiento, por ejemplo.

En este caso, siempre que necesitamos un taxi, le pedimos a la recepcionista del hostel o a algún empleado del restaurante en el que estuviéramos comiendo, que nos pidieran un taxi de confianza. Tanto en la terminal de autobuses como en el Albrook Mall, cogimos un taxi en una parada oficial. Nunca tuvimos ningún problema.

Igualmente, intentamos no llevar demasiados objetos de valor encima, ni llevamos joyas a la vista. Evidentemente, la cámara sí es un objeto caro y llamativo, pero ese nos resulta imprescindible. Como prevención, la llevamos en una mochilita cruzada que, para nada, parece albergar una cámara, y no la sacamos en algunas zonas en las que no nos sentimos completamente seguros.

Aún así, sin salirnos de las zonas más turísticas, no nos sentimos inseguros en Ciudad de Panamá en ningún momento. ¡No hay que dejar que el miedo nos deje encerrados en casa! Con tener precaución suele bastar.

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