Mujeres viajeras (parte II)

Hoy, Día Internacional de la Mujer, quiero retomar un tema sobre el que ya escribí en 2018.

En mi post Mujeres viajeras de aquel año, os acerqué un poquito a la historia de grandes mujeres aventureras, como Egeria, Alexandra David-Néel, Ida Pfeiffer o Anita Delgado Briones, entre otras. Muchas (muchos también), me comentabais lo mucho que os había gustado y sorprendido el tema.

Así que aprovecho de nuevo esta fecha para presentaros a algunas viajeras y aventureras más. Pasan los años, celebramos ochos de marzo, pero muchas cosas siguen igual. Es una pena que algunas (más bien la mayoría) de estas grandes mujeres sigan siendo tan desconocidas.

Yo me centro en el tema viajero y aventurero, que es de lo que trata mi blog. Pero, por desgracia, esto es extrapolable a casi todos los sectores. ¡Hagamos algo por cambiarlo! ¡Démosles la visibilidad y el reconocimiento que tanto merecen!

Ahí va mi pequeño y humilde homenaje:

Isabelle Eberhardt (1877-1904)

Isabelle Eberhardt nació en Ginebra, Suiza, y comenzó a escribir cuando era muy joven, prácticamente una adolescente. Nunca había estado en el norte de África. Sin embargo, muchas de sus historias las ambientaba allí.

Su hermanastro, Augustin, alistado en la Legión de Extranjería en Argelia, y un amigo por correspondencia, Eugène Letord, oficial francés destinado en el Sáhara, alimentaban con sus cartas la inspiración de la joven.

Consiguió publicar algunos de sus textos y, finalmente, tomó la decisión de viajar a Argelia para reunirse con su medio hermano. Se instaló en un barrio obrero de la ciudad de Bona, actual Annaba, y se convirtió al Islam.

Para poder sortear las restricciones que les eran impuestas a las mujeres musulmanas (como decía en la introducción, algunas cosas poco o nada han cambiado con el paso de los años), Isabelle solía disfrazarse de hombre para gozar de una mayor libertad. De hecho, las pocas fotografías que de ella se conservan, muestran a una joven disfrazada de hombre.

Para hacerse pasar por hombre, llegó a hacerse llamar Mahmoud Saadi. De ese modo, se lanzó a viajar por África durante varios años.

Fue muy crítica con la costumbre de los colonizadores de la época, tanto británicos como franceses, de tratar de imponer la cultura europea a los pobladores locales. En sus relatos y novelas escritas en esta fase de su vida, Isabelle critica duramente la política colonial. Esto, sumado a los vínculos que tenía con importantes figuras del mundo árabe, hizo que los colonizadores franceses llegasen a pensar que podría tratarse de un ¡espía!

Se casó con un soldado argelino y, siguiéndole a todos sus destinos militares, recorrió los desiertos de Argelia, Marruecos y Túnez. Murió a los veintisiete años ahogada en medio del desierto, en una trágica riada que arrasó varias viviendas del pueblo donde vivían ella y su marido en Argelia.

Después de su muerte, sus libros, favorables a la descolonización de África, se hicieron aún más populares.

En Argelia, es un personaje muy querido y reconocido. Incluso, dos calles en este país (una en Argel y otra en Béchar) llevan su nombre. Quizás, en un guiño a sus experiencias vitales, ambas conducen del centro de la ciudad hacia el desierto.

Annie Cohen Kopchovsky “Londonderry” (1870-1947)

Era una joven casada y madre de tres hijos. Ella y su familia siempre se habían dedicado al negocio de la publicidad en diversos periódicos de la época. Sin embargo, en 1894, Annie Kopchovsky aceptó el extraordinario reto que le propusieron dos hombres ricos: recorrer el mundo en bicicleta. Durante este viaje, Annie debía recaudar una cantidad mínima de 5000 dólares. Si conseguía completar la hazaña, a su regreso recibiría 10.000 dólares más.

Annie no sabía montar en bicicleta, algo habitual entre las mujeres de la época, ya que la bicicleta se consideraba un medio de transporte peligroso para la frágil constitución femenina (sin comentarios).

Para sorpresa de muchos, Annie aprendió enseguida a dominar la bici. El 25 de junio de 1894 partió de Boston, su ciudad natal, rumbo al mundo.

Inició el viaje con una bicicleta y ropa de mujer. Tras haber recorrido pocos kilómetros de su largo periplo, decidió cambiarlos por una bici de hombre y prendas masculinas, para ganar en comodidad.

Gracias a su creciente popularidad y a sus dotes comerciales, las cuales había desarrollado muy eficazmente en su anterior empleo, rápidamente consiguió el patrocinio de varias empresas a cambio de promocionar diferentes marcas de bicicletas y ropa (muy rollo influencer de la época).

Mientras recorría el mundo en bici, incluso cambió su apellido por el de “Londonderry”, una compañía de agua embotellada (Londonderry Lithia Spring Water), a cambio de 100 dólares. Hoy en día, todo ciclista profesional luce las marcas de sus patrocinadores en la ropa, bici, etc. Hasta en esto, Annie fue una pionera.

Durante este viaje, concedió varias entrevistas y dio charlas sobre sus aventuras como mujer ciclista, con lo que conseguía nuevos patrocinios y contratos de publicidad.

Tras quince meses, en los que dio la vuelta al mundo con su inseparable bicicleta, regresó a Bostón y cobró la apuesta. El periódico New York World no dudó en calificar su hazaña como “El viaje más extraordinario jamás emprendido por una mujer”.

Mary Kingsley (1862-1900)

Mary Henrietta Kingsley nació en Islington, Londres. Su padre, al igual que ella, era escritor de viajes. Su madre era inválida. En aquella época (y probablemente hoy en día), lo que se esperaba de ella era que, permaneciera en el hogar familiar y cuidara de su madre enferma y Mary cedió, en un principio, a la presión, quedándose en casa.

Durante aquella etapa de su vida, Mary “viajaba” a través de las historias de países lejanos que le contaba su padre y a través de los muchos libros de la bien provista biblioteca familiar.

Su padre falleció en febrero de 1892. Su madre murió cinco semanas más tarde. Liberada de las “cargas” familiares, esta veinteañera decidió lanzarse a la aventura y se fue a África, donde, además de disfrutar del viaje, recopiló la información necesaria para finalizar un libro, el cual, su padre no tuvo tiempo de terminar, sobre la cultura y las tradiciones de las tribus africanas.

En sus muchos viajes al continente africano, Mary convivió con los lugareños, aprendió las habilidades necesarias para sobrevivir en la jungla, estudió tribus caníbales, descubrió especies de peces desconocidas hasta entonces, escaló el monte Camerún (4100 msnm) por una ruta nunca antes explorada por un europeo (ni europea, claro) y un largo etcétera.

Las noticias de sus hazañas llegaron hasta Inglaterra, donde, a su vuelta, le llovieron las entrevistas. También dio numerosas charlas por todo el país acerca de la vida en África.

Mary fue una gran defensora del modo de vida de las tribus que conoció en sus viajes. Su defensa de temas tan polémicos como la poligamia en algunas tribus y su crítica a los misioneros europeos por intentar cambiar el modo de vida de estas personas, le valieron fuertes críticas de la Iglesia y escandalizó a una buena parte de la sociedad inglesa de la época.

Durante la Segunda Guerra de los Bóer, se alistó como enfermera voluntaria y murió, al poco tiempo, de fiebres tifoideas en Simon’s Town. Siguiendo sus deseos, sus restos fueron arrojados al mar.

En su libro Travels in West Africa narró parte de sus aventuras. Podéis encontrarlo en su versión en inglés en internet. Por desgracia, la versión en español está descatalogada, por lo que solo es posible encontrar ejemplares de segunda mano a precios desorbitados.

Junko Tabei (1939-2016)

Esta alpinista japonesa fue la primera mujer en alcanzar la cima del Everest, el 16 de mayo de 1975, y la primera mujer en conquistar las Siete Cumbres ,las montañas más altas de cada continente. Aunque en España solemos hablar de cinco continentes, hay otros modelos, más habituales en otros países, que cuentan América del Norte y América del Sur por separado y que incluyen, además, a la Antártida como séptimo continente.

Junko Tabei siempre fue una niña frágil. Era la pequeña de la familia y a menudo sufría problemas respiratorios. Nadie podía presagiar que se convertiría en una gran alpinista. Sin embargo, como ella misma nos demostró, la fuerza no solo reside en el cuerpo, sino también en la voluntad y la pasión.

Con tan solo diez años, Junko, junto con sus compañeros de clase, escalaron el monte Nasu, en el Parque Nacional de Nikko, Japón. Aquella experiencia le marcó tanto, que enseguida supo que quería ser alpinista.

En los siguientes años, siguió escalando como aficionada. Cansada de hacerlo siempre rodeada de hombres, fundó en 1969 el Club de Montaña para Mujeres de Japón.

Tras organizar una primera gran expedición al Annapurna III (7555 msnm), en Nepal, se propuso escalar el Monte Everest (8848 msnm). Le costó mucho encontrar patrocinadores interesados en financiar tal aventura: el plan era ascender a la montaña acompañada de otras quince escaladoras, con la ayuda de un grupo de sherpas. Nadie creía que un grupo de mujeres fuera capaz de algo así.

Por fin, en 1975, tras encontrar el apoyo económico necesario, emprendieron el ascenso. Por desgracia, cuando se encontraban a 6300 metros de altura, una avalancha destrozó su campamento. Todas sobrevivieron, pero Junko permaneció inconsciente durante varios minutos.

Cuando todo parecía perdido, Junko supo reponerse rápidamente. Contra todo pronóstico y gracias a su coraje y capacidad de superación, consiguió, junto a su guía sherpa Ang Tsering, coronar la ansiada cumbre tan solo doce días después, convirtiéndose así en la primera mujer en escalar el Everest.

Continuó escalando los picos más altos del mundo hasta convertirse en 1992 en la primera mujer en conquistar las Siete Cumbres.

Además de su actividad como reconocida alpinista, Junko también se implicó en diferentes estudios sobre medio ambiente, enfocándose sobre todo en la degradación ambiental del Everest causada por los desechos abandonados allí por varias generaciones de escaladores. Participó en diversas escaladas de limpieza, tanto en su Japón natal, como en el Himalaya y colaboró activamente en proyectos para la educación de los montañeros sobre la correcta eliminación de residuos.

Junko era originaria de Fukushima, zona afectada por un desastre nuclear causado por el tsunami que asoló la zona en 2011. Un año después de la tragedia, Junko lideró una expedición de estudiantes y niños afectados por la radiación hasta la cima del Monte Fuji. Tras lograrlo con éxito, decidió repetir la experiencia anualmente.

En 2012 le fue diagnosticado un cáncer. Sin embargo, continuó escalando montañas hasta poco antes de su muerte en 2016. En julio de ese mismo año, con setenta y seis años, realizó su última ascensión al Monte Fuji con los jóvenes afectados por el accidente de Fukushima. ¡Eso es pasión y fuerza de voluntad!

Freya Stark (1893-1993)

En una época en la que se consideraba que una mujer no podía desempeñar otro papel en su vida que no fuera el de madre, esposa o hija, algunas mujeres daban el valiente e importante paso de “salirse del tiesto”, como diríamos ahora.

Este fue el caso de Freya Stark. Su apellido significa fuerte en alemán, aunque a mí sobre todo me trae a la mente a cierta familia de la serie Juego de Tronos, que de débiles tenían poco también (el comentario freaky del día). A pesar de su delicado estado de salud, destacó como una de las importantes viajeras del siglo XX. De hecho, no era poco común que mujeres con problemas crónicos de salud mejoraran, como por arte de magia, al liberarse de las ataduras y lanzarse a la aventura de viajar (yo siempre he creído firmemente que los viajes son una potente medicina, tanto a nivel físico, como mental).

Freya siempre había sentido verdadera fascinación por el Oriente Próximo. Las historias narradas en el libro Las mil y una noche y la figura de Lawrence de Arabia eran sus grandes inspiraciones.

No tenía estudios, pero era una ávida lectora, le encantaba informarse y documentarse sobre esta específica zona del mundo e, incluso, empezó a estudiar árabe, con la esperanza de poder ponerlo en práctica y mejorarlo in situ algún día.

En 1927 pudo cumplir al fin ese sueño y viajó a Beirut, Líbano. Continuó su recorrido visitando Siria, Irak, Irán, Arabia y Afganistán.

Movida por la curiosidad y las ansias de conocimiento, no seguía ningún plan ni mapa. Se dejaba aconsejar por los lugareños, quienes, en no pocas ocasiones, la invitaban incluso a sus casas. Se mezclaba con la gente de las tribus que visitaba, llegando a aprender su idioma. En definitiva, se interesaba tanto por las personas como por los lugares que iba conociendo. Narró sus aventuras en más de una treintena de libros: Apuntes de Bagdad, El Valle de los asesinos, Un invierno en Arabia Cartas desde Siria, entre otros. De nuevo, es una pena, pero las versiones en español están descatalogadas (o yo no las he encontrado a precios medianamente razonables), así que os he puesto los links a sus versiones en inglés.

Durante la I Guerra Mundial ayudó como enfermera voluntaria, fue espía durante la II Guerra Mundial y fue nombrada Dama del Imperio Británico en 1972. En su regreso a Londres, solía pasear un exótico lagarto azul de Yemen por la calle, lo que le dio la fama de ser “un poco excéntrica”. Quien dice excéntrica, dice especial y valiente: cumplió 80 años en plena ruta por China, India, Asia Central e Irán. Falleció a los cien años (¡que se dice pronto!) y vivió intensamente hasta el último día de su larga vida.

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Y hasta aquí llega esta entrada. Espero que las historias de estas mujeres valientes y aventureras nos sirvan de inspiración a muchas otras para romper moldes, luchar por nuestros sueños sin que nuestro género suponga un hándicap, para hacernos ver y oír…

Representamos aproximádamente al 50% de esta sociedad en la que vivimos, y, aunque algunos no quieran creerlo, podemos y hacemos cosas increíbles a diario.

¡Feliz Día de la Mujer a todas y todos!

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